En esta oportunidad quiero compartir la vida de la Beata Francisca Ana Cirer, de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl de Mallorca.
En un hogar de labriegos honrados de las Islas Baleares, nace Francisca Ana en Sencelles el 1 de junio de 1781. El mismo día es bautizada en la iglesia parroquial de San Pedro.
Creció como las demás niñas del pueblo: ayudaba a sus padres y hermanos mayores en las tareas del hogar y del campo. No aprendió a leer ni a escribir, algo normal en las mujeres de su tiempo. Desde la infancia empezó a practicar los ejercicios de la más sólida piedad. En su juventud quiso entrar en un convento de monjas, pero su padre no le dio el consentimiento. Acató la voluntad divina que le indicaba la santificación entre los suyos. Ingresó en la tercera Orden seglar de San Francisco de Asís y en su hogar vivió enteramente consagrada a Dios y a los hermanos.
Tras la muerte de los hermanos y la madre, a los 26 años Francisca-Ana queda sola con su padre, a quien cuida hasta que muere en 1821. A los 40 años, Francisca-Ana se reafirma en su propósito de dedicarse enteramente a Dios y al prójimo. Lleva una vida retirada en su casa con su compañera Magdalena que nunca la dejará. Con la vida de unión con Dios, conjuga la vida apostólica en el ámbito de la Parroquia. Todo el pueblo que la llama “Tía Xoroia” se siente atraído hacia Dios por Francisca-Ana: los niños a quienes enseña la doctrina, los jóvenes que gustan de conversar con ella quien los orienta y hasta los invita a bailar, personas instruidas y humildes que piden sus consejos, los pecadores que lleva a conversión, los enfermos que cuida y los moribundos a quienes señala el camino del cielo, los pobres a quienes abre las puertas de su caridad.
Francisca-Ana trabaja como cualquier mujer campesina. Ni rica ni pobre, así cultiva su hacienda con su compañera. Invierten su cosecha en los pobres, en sufragio por los difuntos, en lo imprescindible para su subsistencia. A los 45 años, gozando de buena salud, hace testamento: dejando cuanto posee para que se perpetúe en su casa, después de su muerte, la vida piadosa y apostólica que ha abrazado. En ella podría vivir cuatro doncellas que se dedicarán al servicio de Dios y del prójimo.
El párroco de Felanitx, P Antonio Roig, fundó en 1798 en su parroquia la primera Casa de Caridad de Mallorca. Reunió cuatro mujeres para que se consagrasen al cuidado de los enfermos y a la educación cristiana de las niñas. El Rdo. Rafael Caldentey fundó la segunda Casa de Caridad en Manacor en 1846. En 1849 y 1850 otras casas, siempre con carácter parroquial, se abrieron en Pollença y Binissalem. Todas se inspiraron en el ideal apostólico que San Vicente de Paúl había dado a las Hijas de la Caridad.
En 1849 hubo una santa misión en Ruberts. La predicaron Mons. Cabreral y el Rdo. Rafael Caldentey. Estos convencieron al párroco de Sencelles, Don Juan Molinas, de que se fundara también en su parroquia una Casa de Caridad. Don Juan creyó que Francisca-Ana era la persona indicada para ser la fundadora y la primera Hermana de la Caridad de Sencelles. Así lo aceptó Francisca-Ana en la fiesta de la Asunción de la Virgen en 1850.
Enseguida aquella mujer de 70 años puso manos a la obra para convertir su hogar en convento. El día 7 de diciembre de 1851, Sor Francisca-Ana de los Dolores de María, Sor Magdalena de San Vicente de Paúl (su fiel compañera) y Sor Concepción del Corazón de Jesús profesaron los votos de las Hermanas de la Caridad en el altar mayor de la parroquia.
El Párroco la nombró Madre Superiora de la naciente comunidad. Quiso que así la llamara todo el pueblo, y Sencelles la sigue llamando “Madre Superiora” hasta el día de hoy. La vida de nuestra beata no es muy distinta de la que llevaba en su casa después de la muerte de su padre. Intensifica la enseñanza del catecismo a los niños, jóvenes y adultos. Su casa es refugio de pobres y desvalidos. Tiene un don especial para cuidar a los enfermos y muchos están convencidos de que por ella la mano de Dios obra milagros. De toda la isla acuden a Sencelles porque a todas partes ha llegado su fama de santidad. Muchos la pueden contemplar elevada, extasiada. Le atribuyen curaciones, profecías, etc.
El 27 de febrero de 1855, después de comulgar en la parroquia, muere santamente en su convento. Los funerales y el entierro inician la gran procesión de la veneración popular, que el Papa Juan Pablo II ratificará con la beatificación el día 1 de octubre de 1989.
Muchas otras Casas de Caridad fueron abriéndose en Mallorca con el carisma de un amor cercano a los hermanos, demostrado en el cuidado de los enfermos y desvalidos, la educación cristiana de los niños y la participación en la vida parroquial. El obispo de Mallorca, Don Jacinto Cervera, decidió unir en una sola congregación diocesana a las Hermanas de la Caridad de las diversas casas. En 1890 el obispo de Cervera les dio las primeras constituciones generales y este mismo año la casa de Sencelles quedó incorporada a la Congregación de Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl de Mallorca.
El carisma, tan vinculado a la Iglesia local, se ha ido extendiendo para ofrecer la caridad cercana, sin fronteras, doquiera que el Evangelio pueda ser anunciado a los pobres. El 18 de enero de 1971 el Papa Pablo VI dio carácter universal a este carisma, aprobando esta Congregación tan mallorquina, que tiene en Sor Francisca-Ana a su hermana mayor.
La Beata Francisca-Ana fue una perfecta Hermana de la Caridad, una verdadera hija de San Vicente de Paúl. Esta Caridad la hizo vivir siempre como una hija de Dios, confiada plenamente a su voluntad. Este es hoy su mensaje: Vivir en la caridad, amando a Dios, amando a los pobres y amando a la Iglesia.
Mario Villar Gómez, CM
Provincia de Chile

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