Después de varios años de suspensión, este 2026 regresó a Playa Ancha una de las celebraciones religiosas y tradicionales más recordadas del sector: la procesión en honor a Nuestra Señora de Luján, patrona de los campesinos y símbolo de fe para generaciones de vecinos porteños.
Una devoción con historia
La historia de la Virgen de Luján, patrona de Argentina, se remonta a mayo de 1630. Según la tradición, una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción, traída desde Brasil, detuvo milagrosamente una carreta a orillas del río Luján, manifestando así su deseo de permanecer en ese lugar. Desde entonces, la Virgen se transformó en un importante signo de fe y devoción popular.
Los misioneros de la Congregación de la Misión tuvieron un rol fundamental en la difusión de este culto. Durante cerca de 130 años, entre 1872 y 2001, estuvieron a cargo del Santuario de Luján, impulsando la construcción de la actual basílica y promoviendo la veneración de la imagen.
En Playa Ancha, esta tradición comenzó gracias al Padre Manuel Godoy López, C.M., párroco de la Parroquia San Vicente de Paúl entre 1938 y 1945, quien llevó hasta el templo una réplica de la Virgen venerada en Luján. La pequeña imagen fue ubicada en un lugar destacado de la iglesia y rápidamente comenzó a recibir la visita de campesinos y trabajadores rurales que llegaban al sector para realizar trámites o compras.
Con el paso del tiempo, y de manera espontánea, la Virgen de Luján se convirtió en la patrona de los campesinos de Playa Ancha y sus alrededores.
Una fiesta que marcó generaciones
La celebración comenzó a realizarse cada año el domingo más cercano al 8 de mayo, fecha en que se conmemora a la Virgen en Argentina. El momento más esperado era la tradicional procesión, donde la imagen recorría las principales calles del barrio sobre una carreta tirada por bueyes, evocando el histórico viaje de la imagen original en tierras argentinas.
La procesión avanzaba acompañada por decenas de huasos a caballo, bandas y numerosos fieles, recorriendo especialmente las avenidas Playa Ancha y Gran Bretaña.
Durante más de seis décadas, esta fiesta fue una de las expresiones religiosas y culturales más importantes del cerro. Habitualmente era presidida por el Obispo de la Diócesis y contaba con la presencia de autoridades civiles y representantes argentinos, entre ellos el cónsul de Argentina en Valparaíso.
Fe, tradición y folclore se unían en una celebración profundamente arraigada en la identidad Playa Ancha.
El esfuerzo por mantener viva la tradición
Entre los principales impulsores de esta festividad destacaron el Padre Manuel Godoy,C.M. el Hermano Manuel Parra, C.M., y los sacerdotes que continuaron posteriormente esta obra pastoral. También fue relevante el aporte de la familia Muga y de los campesinos y huasos provenientes de distintos sectores cercanos a Valparaíso.
En la década de los 90, la falta de bueyes obligó a reemplazar la tradicional carreta por una camioneta. Aún así, la celebración continuó realizándose con entusiasmo hasta que, producto de la pandemia y otras dificultades, quedó suspendida durante varios años.
El regreso de la procesión en 2026
Este domingo 3 de mayo, pese a múltiples dificultades, la comunidad logró retomar la histórica procesión. Los intentos realizados en 2024 y 2025 no habían dado resultado, principalmente por la imposibilidad de convocar a los huasos y por problemas logísticos.
Además, a última hora debió modificarse el recorrido debido a un partido de fútbol en el Estadio de Playa Ancha, situación que también impidió contar con resguardo de Carabineros.
La procesión de este año fue distinta a las tradicionales. La imagen ya no fue transportada en carreta ni camioneta, sino en un anda llevada sobre los hombros de cuatro personas. El recorrido incluyó las calles República, Aguayo, Atalaya, Levarte y Sierra.
Aunque no participaron huasos a caballo, sí estuvieron presentes dos agrupaciones de bailes religiosos, una banda del Cuerpo de Bomberos y representantes de las distintas comunidades parroquiales, quienes dieron vida y alegría a la jornada.
Un mensaje de paz y esperanza
La procesión concluyó en el frontis de la parroquia San Vicente de Paúl con un esquinazo, donde jóvenes bailarines ofrecieron una cueca en honor a la Virgen. Posteriormente se realizó una breve reflexión, se entonó el Himno Nacional y se impartió la bendición final.
Tradicionalmente, esta celebración tenía como intención orar por los campesinos, pedir por la lluvia y también por la paz entre Chile y Argentina, especialmente durante los tensos años finales de la década de 1970.
En esta oportunidad, la oración estuvo centrada en la paz mundial, especialmente por los países afectados por la guerra, las víctimas de la violencia y los migrantes que hoy buscan un nuevo hogar lejos de sus tierras.
La comunidad destacó que, más allá de las dificultades, fue una jornada llena de alegría y esperanza, marcada por el sonido de las bandas, el baile religioso y la presencia de la Virgen recorriendo nuevamente las calles de Playa Ancha.
Con emoción y gratitud, los participantes expresaron su deseo de que esta tradición pueda mantenerse viva y seguir reuniendo a las futuras generaciones en torno a la fe, la cultura y la identidad del barrio.







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